Los caciques de Yunes
POLÍTICA, PORTADA, VERACRUZ

Los caciques de Yunes

Luis Velázquez
15 de mayo de 2017

Uno. El cacique del PAN

Un cacique de PAN en Veracruz, Joaquín Guzmán Avilés, ha brincado al carril nacional. Quizá, nadie como él. Los caciques priistas, señores de horca y cuchillo, fueron reducidos a una caricatura, casi una vacilada. Él, con su familia, pensaron en grande. Son los dueños, únicos y absolutos, de Tantoyuca, su feudo, en el norte del territorio jarocho.
Que el priista Mario Zepahua es el mandamás de la montaña negra de Zongolica, claro. Pero al mismo tiempo, comparte ya el feudo con otro cacique, Tomás López Landero, quien antes fue panista cuando Gerardo Buganza Salmerón y luego mudara a priista.
Que el priista Marcelo Montiel Montiel, dos veces alcalde de Coatzacoalcos, ex diputado local, ex secretario de Desarrollo Social y delegado federal de la Sedesol en el duartazgo, okey.
Y que con su fortuna calculada en dos mil millones de pesos obsequió su mansión al obispo del pueblo, cierto.
Pero al momento sólo ha podido imponer a dos de los suyos, en ningún momento a sus hermanos, como “El chapito”, de alcaldes. Joaquín Caballero Rosiñol y Marcos Theurel Cotero, con quien, por cierto, “se agarraran del chongo” y se pelearan en la pasión desaforada.
Que las hermanas ex panistas y priistas cuando les conviene, Regina y Fabiola Vázquez Saut, son dueñas de Acayucan y se alternan los cargos públicos de alcaldesas, diputadas locales y federales y un carguito en el gobierno de Veracruz y hasta un puestecito en el CDE del PRI, cierto.
Pero “El chapito” se friega a todos.
Joaquín Guzmán, tres veces alcalde.
Su hermano Jesús, presidente municipal en funciones.
Su hermano Amado, candidato del PAN a la alcaldía.
Su hermana María del Rosario, senadora suplente, y en funciones, de Fernando Yunes Márquez, candidato del PAN y PRD al trono imperial y faraónico jarocho.
Uno de sus hijos, delegado de la SEDESOL de Veracruz en el norte de Veracruz.
Otro de sus hijos, jefe de la Jurisdicción Sanitaria en su feudo, la parcela de Tantoyuca.
Algún día, el góber azul justificó el cacicazgo de Joaquín Guzmán, su secretario de Desarrollo Agropecuario, diciendo que según Rafael Hernández Ochoa hay caciques buenos y malos y “El chapito” es bueno, ajá.
Tan bueno que luego de las alcaldías, la diputación local y la SEDARPA en que despacha ya está soñando con la candidatura a Senador el año entrante para que su hermana María del Rosario Guzmán Avilés le entregue la estafeta.
Toda la familia, pues, con una vocación política a prueba de bomba que ahora la Yunicidad ha avalado al cien por ciento.
La misma tesis que en 1929 inspirara a Plutarco Elías Calles para crear el partido político abuelito del PRI: repartir el poder entre los generales y caciques… a cambio de mantener el control aldeano y ganar elecciones.
Y en contraparte, titular de la SEDARPA “El chapito”… que el campo se joda.
Y que los indígenas y campesinos sigan migrando a los campos de concentración del Valle de San Quintín en la zona norte del país y a Estados Unidos… que allá, claro, la feroz policía migratoria de Donald Trump elegirá el destino final.

Dos. Los caciques de Yunes

En Boca del Río hubo un cacique. Se llama Ramón Ferrari Pardiño.
En su biografía sólo pudo integrar la presidencia municipal, la diputación federal, la titularidad de la Comisión de Desarrollo del Papaloapan (un inventito, por cierto, de Miguel Alemán Velasco) y dos veces la secretaría de Desarrollo Agropecuario.
En su currículo únicamente pudo imponer un alcalde. Armando López Rosado. Con otro, Hugo Parroquín, fue derrotado en las urnas.
Miguel Ángel Yunes Linares, la conciencia de AMLO, lo tumbó del trono imperial y faraónico y se adueñó del pueblo.
Ahora, el gran cacique panista, Joaquín Guzmán, interpuso denuncia penal en contra de Ramón Ferrari por hipotético desvío de recursos en SEDARPA con empresas fantasmas y con beneficios adicionales para el suegro de Javier Duarte, Antonio Macías, a quien la Yunicidad tiene demandado.
“El chapito” en su hora estelar. Quizá, porque fue el operador de Yunes Linares en el norte de Veracruz, compartiendo, digamos, honores con el otro cacique huasteco, Ricardo García Guzmán, priista y panista según le convenga, ex alcalde, ex diputado local y dos veces Contralor, con un hijo diputado local y el otro hijo ex diputado local y alcalde en funciones.
Acaso también, porque además del trabajo electoral “El chapito” también fue el mecenas en horas cumbres, aquellos años de la Decena Trágica que van de Fidel Herrera (2004) a Javier Duarte (2016), y ahora, ni hablar, la lealtad se paga y el cacique se reconoce, acepta, tolera, permite, fomenta y fermenta.
En todo caso, sólo estaría cobrando, bragado como es, los favores otorgados.
Ninguna diferencia, entonces, en el estilo personal de gobernar y ejercer el poder entre priistas y panistas ni tampoco, claro, entre morenistas, como por ejemplo, los caciques de Zacatecas (los Monreal) y los caciques del PRD (los Cárdenas y los Aureoles, de Michoacán) y el cacique de Morelos (el presidenciable, ajá, Graco Ramírez) y los máximos caciques del sol amarillo (Los Chuchos).
Los Guzmán Avilés (y los García Escalante), los caciques de Yunes Linares.

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15 mayo, 2017

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