La izquierda al poder; utopía socialista y demasiadas esperanzas
PORTADA, VERACRUZ

La izquierda al poder; utopía socialista y demasiadas esperanzas

Escenarios
Luis Velázquez
Veracruz.-
UNO. Presidentes de izquierda en América Latina

El destino de los presidentes de izquierda en América Latina ha sido así:
El primer presidente socialista elegido en las urnas fue Salvador Allende y su amigo, el general Augusto Pinochet, en quien confió, le asestó golpe de Estado, al grado que antes de caer prisionero se pegó un tiro con un rifle regalado por Fidel Castro Ruz.
El presidente de Brasil, Luis Inácio Lula de Silva, aquel que redimiera de la pobreza a millones de paisanos, está preso, acusado de corrupción política por las fuerzas golpistas del país, integrada por militares (igual que en Chile), aliados con empresarios y magnates de la comunicación.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, aquel que con los sandinistas (Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Humberto Ortega y el famoso comandante Cero) derrocaran al dictador Anastacio Somoza, sostenido por Estados Unidos, terminó peor que Anastacio Somoza y lleva por lo pronto más de trescientos muertos para perpetuarse en el cargo.
Los expresidentes de Cuba, Fidel y Raúl Castro Luz, dejaron el poder y lo peor, las jineteras del tiempo del dictador Fulgencio Batista a quien derrocaron, expresan el peor fracaso de la revolución cubana.
El presidente indígena de Bolivia, Evo Morales, el adolescente que levantaba las frutas que desde un autobús de pasajeros tiraban a los niños a su paso por el pueblo, primero, se reeligió y ha seguido reeligiéndose, y luego se construyó ultra contra súper palacio, y Bolivia, la nación de indígenas jodidos, es el país de un solo hombre poderoso.
El expresidente de Ecuador, Rafael Correa, aquel que proclamaba la nueva izquierda del continente camino al socialismo, está acusado de desaparición forzada por más y más y más que diga que es una venganza política de sus enemigos.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, hijo putativo de Hugo Chávez, tiene al pueblo sometido con la ley del garrote y la macana, y en donde ha encumbrado a su esposa como legisladora, nomás porque él, antiguo chofer de autobuses urbanos, es el dueño del poder.
La Argentina de Juan Domingo Perón y Evita, y sus descamisados, que así llamaban a los pobres a quienes juraron y perjuraron redimir, en manos de la oligarquía.
AMLO es el virtual presidente de México y el primero que ha llegado al poder por el lado de la izquierda.
Y como fuera su lema simbólico de campaña, sigue proclamando que “por el bien de México, primero los pobres”.
Los pobres en el país de la abundancia donde seis de cada 10 habitantes están ubicados por el INEGI en la miseria, la pobreza, la jodidez, el desempleo, el subempleo y los salarios mezquinos y de hambre.
México, primer lugar en corrupción política en América Latina y uno de los primeros lugares en el mundo.

DOS. La utopía socialista

Los grandes sueños socialistas y de izquierda en el mundo han fracasado.
Fracasó la utopía de Carlos Marx y Federico Engels con la famosa dictadura del proletariado.
Fracasó la utopía social de Tomás Moro y sus comunas.
Fracasó Fidel Castro Ruz con el paraíso cubano y Ernesto “El ché” Guevara, aquel que soñaba con crear muchos Vietnam y muchas Cubas, fue asesinado cuando soñaba con la guerrilla en Bolivia.
Fracasó Emiliano Zapata con la comuna campesina en Morelos.
Fracasó Pancho Villa con sus fincas agrícolas para los campesinos del norte del país.
Fracasó el subcomandante Marcos, ahora Galeano, con su Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Fracasó Benito Juárez con la separación del Estado y la Iglesia.
Fracasó Francisco Ignacio Madero con su utopía democrática, y que más allá de la democracia electoral, significa democracia laboral, democracia económica, democracia educativa, democracia de salud, democracia de seguridad y democracia en la procuración de justicia.
Pero, bueno, AMLO, quien se cree el nuevo Benito Juárez, el nuevo Francisco I. Madero y el nuevo Lázaro Cárdenas, encarna la nueva esperanza de más de treinta millones de mexicanos que tacharon su nombre en las urnas.
Un día después de que sea declarado presidente electo, dijo AMLO, la corrupción se terminaría en automático en el país.
Ajá.

TRES. Muchos pendientes sociales

Este, ya se sabe, es un país jodido, igual que el resto de América Latina.
Muchos, demasiados, excesivos pendientes sociales.
Los desaparecidos, los feminicidios, los crímenes, las fosas clandestinas, los migrantes, los pobres, la miseria galopante.
La baja calidad educativa.
La peor calidad de salud pública.
La inseguridad como jinete del Apocalipsis, el peor mal escapado de la caja de Pandora.
Los niños durmiendo en el salón de clases por la anemia y la desnutrición histórica.
Los ancianos sin seguridad social.
600 mil muertos en la guerra de Independencia.
Un millón de muertos en la Revolución.
Ellos, además de la clase media en búsqueda de un nuevo destino, llevaron a AMLO a Los Pinos.
Y el primer tabasqueño que será presidente de la república y que nunca lograron sus paisanos Tomás Garrido Canabal y Carlos Alberto Madrazo, el par de políticos hombres de fuego, incendiarios (tampoco, claro, su gurú Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano) levantó demasiadas expectativas.
El corazón de los pobres del país para alcanzar una vida digna depositado en AMLO en el país y en Cuitláhuac García Jiménez en Veracruz.

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1 agosto, 2018
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