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Debacle priista en Veracruz

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LÍNEA CALIENTE /Edgar Hernández

Veracruz, Veracruz. 03 de julio de 2012- Ese priismo socarrón; el mismo que cada elección promete y saca al patrocinador hasta la risa sin cumplir a la mera hora; el que jura, por ésta, que tiene a los contingentes de su lado “¡a mi gente lista!” (como si la militancia fuera ganado); los mismos que igual transitan del gobierno al partido y usan a las “Reynis” para apantallar al respetable… ese priismo pues, volvió a tomar el pelo a la familia revolucionaria.

Si bien para el aparato de poder era previsible la derrota en seis distritos electorales que de semanas atrás estaban cantados, jamás se esperó que la votación en favor de Enrique Peña Nieto, fuera tan apretada y que buena parte de los candidatos hicieran caso omiso al efecto Peje tan anunciado, tan telegrafiado.

Malos, muy malos candidatos priistas abonaron a que Peña Nieto se llevara la desilusión de su vida en torno a la famosa segunda reserva electoral de la república, Veracruz, que prometió 1.7 millones para después bajarle a 1.5 y terminar con poco más de 1.1 millones de sufragios.

La misma faena le hicieron esos famosos operadores chafas a Fidel Herrera para la gubernamental del 2010 en donde se fincaron altas expectativas en torno a Javier Duarte para terminar el diferendo con el PAN en tribunales.

Y como en toda elección, hay quienes hicieron su tarea y otros que de plano se tiraron a la milonga confiados, una vez más, en que el PRI en automático les haría ganar… más ahora con el popular copetudo Enrique Peña Nieto.

Así, hoy más que un deslinde de culpas conviene analizar, caso por caso, lo dañino que resulta para el partido postular a malos candidatos, a hombres de papel periódico, a perdedores.

Y es que sonadas fueron, entre otras, las derrotas priistas en Córdoba, Veracruz, Boca del Rio y Xalapa rural. Pésimos candidatos fueron postulados como fue el caso de Córdoba, Distrito XVI, que postuló a Francisco Cessa Servín.

A este amigo a quien se le debía agradecimiento se le nominó a pesar de que en reiteradas ocasiones se demostró a quien manda que era un nacido para perder. Así lo revelaron las primeras encuestas en donde lo ponían abajo del piso.

Habrá que regresar a la memoria el fatal pronóstico de la empresa “Servicios Profesionales de Información, Análisis y Encuestas Opinión” de la ciudad de los 30 caballeros, que en muestra aleatoria a 4 mil cordobeses ninguno le dio posibilidad alguna de triunfo.

A pesar de todo se llevó la candidatura con todo el apoyo del Estado y toda la lana del mundo –es la tierra de Duarte- lo cual provocó que este amigo empezara a levitar y, en verdad, a creer que estaba hecho a mano y que arrasaría con la débil oposición. Perdió por más de 30 mil votos.

Y qué decir del exsecretario de Gobierno y ex Procurador Reynaldo Escobar Pérez a quien hizo zapato el líder social perredista Uriel Flores atropellando de paso a Enrique Peña Nieto.

Reynaldo, el rey de la trampa, el zar de la triquiñuela, el amo del engaño, el único que hizo campaña desde su despacho y de cuando en cuando se iba de luna de miel a Naolinco para aparentar que andaba en chinga, cayó estrepitosamente.

La población le aplicó una merecida dosis de castigo, amén de que la alcaldesa Elizabeth Morales, en operación tenebra, le cambió la estructura de operadores las últimas 72 horas antes de la jornada arrojando toda posibilidad de victoria para quien a pulso se ganó el galardón del peor enemigo de los periodistas.

De nada valieron los millones que puso este rubicundo amigo que quiso hacer del poder una dictadura y que hoy de la noche a la mañana es nada. Reynaldo quedó pagado, sin fuero, sin fuerza política y sin posibilidades de ser de nuevo alcalde de Xalapa.

Habrá de regresar al periodismo en su Tinta Jarocha. Y como en el pecado va la penitencia, en paralelo Elizabeth Morales García se queda, por supuesto, sin futuro.

En Boca del Río, Distrito IV, Veracruz, el PRI postuló a Oliver Aguilar Yunes, un político consentido de origen cordobés cuyo único mérito es ser hijo un ex Secretario de Finanzas y tener un hermano que desde hace años quiere ser procurador de Justicia.

Quienes lo conocen afirman que su corazón siempre fue “azul”.

Concedamos, sin embargo, que no es así y que gana la nominación por el PRI en un distrito que de siempre ha sido difícil por el asentamiento de los Yunes –los malos-.

A Oliver se le dio todo: dinero, delegados de lujo, centavos a raudales y se le encomendó al alcalde Salvador Manzur, llevarlo de la mano. La campaña de Oliver resultó un fracaso.

Este gallo lo que hacía era presumir ante la militancia que era amigo del gobernador y que si no ayudaban “¡les iba a ir de la chingada!”.

Oliver perdió por más de 40 mil votos. Se fue al barranco abrazado de su propio verdugo Salvador Manzur, quien nunca lo ayudó y se ufanaba de “haberle dicho a Javier que Oliver iba a perder porque era el mas malo de los cinco aspirantes”, entre ellos el de él.

Salvador Manzur, quien para impresionar ahora usa un copete igual al de Peña Nieto, sale del afecto del número uno por haberse lavado las manos desde el principio y advertir que Oliver no ganaba ni con trampas.

En igual sentido el futuro de Carolina Gudiño se empaña. Se volvió tan incierto como el de Elizabeth Morales. La alcaldesa porteña fracasó por la imposición de Angela María Perera Gutiérrez que hizo añicos el distrito XII-Veracruz. Perdió con casi 40 mil votos. En realidad era previsible ya que habrá que recordar que la propia Gudiño ganó la alcaldía por 180 votos… y cuchareados por Jorge Carvallo, entonces presidente del PRI, quien le enmendó la plana cuando todo mundo la daba por derrotada.

La señora Gudiño, quien ha hecho de la alcaldía un negocio de familia y una eterna confrontación con el gobernador Duarte a quien no hace caso porque ella solo es leal a Fidel Herrera Beltrán, su mecenas, quedó pagada.

Y en esta viña del señor siempre hay espacio para los perdedores.

Alfredo Gándara, el rubicundo alcalde de Poza Rica, quien también solo acata las instrucciones de Fidel, decidió por su pantalones, que han de ser enormes, no apoyar al candidato de su partido Distrito VI- Poza Rica. Gaudencio Hernández Burgos.

Los últimos 90 días se la pasó golpeando al operador priista Noé Pérez, a quien quiso boicotearle la reunión de los 10 mil simpatizantes en donde estarían los candidatos al Senado.

En contra de Gaudencio también trabajó el diputado local Ulises Rivera Garza, llamado “El lobo de las Ofertas”, dueño de las farmacias “París” y que come de la mano del secretario de Salud Pablo Anaya, quien le compra todas las medicinas para el sector salud.

Anaya fue retirado de la campaña por lioso y vender victorias que no le tocan. Chocó con Gaudencio y finalmente entró al salvamento un operador de primera Sergio Lorenzo Quiroz, quien es el verdadero campeón de la victoria de Gaudencio y no este amigo Gándara que hoy se adorna con el triunfo ajeno.

Ello, por supuesto, sin dejar de reconocer el decidido apoyo del magisterio en favor del priista quien fue líder de la 32 del SNTE.

La mismo complicación de Poza Rica se sucedió en Papantla en donde el gallo, o mas bien gallina priista Jeanny Arroyo Ruiz, gana por paliza 53 mil 548 votos gracias al indiscutible respaldo partidista de Jesús “Chuchín” Cienfuegos Meraz, que ganó la sierra, así como al trabajo de Edgar Spinozo, quien no solo se vio cuidadoso e impecable en Papantla, sino que también se lució en Martínez de la Torre, que estaba en la lona.

Y hablando de tarea impecable de respaldo, solidaridad y operación política habría que destacar la chamba de Alberto Silva Ramos quien empujó 18 puntos arriba en la victoria a Genaro Ruiz Arriaga, Distrito III- Tuxpan.

El PRI en el norte se la llevó de bandera.

De 43 mil votos alcanzados en las elecciones de hace tres años se levantó a 65 mil. Así, los tres distritos que mas aportaron a las diputaciones federales, al Senado y a la Presidencia que alcanzó a Peña Nieto, fueron Tuxpan, Tantoyuca y Cosoleacaque. Y los que mas quitaron sufragios a la causa fueron Veracruz-Boca del Río y Córdoba.

En esta operación del norte de Veracruz, imposible dejar de mencionar a Tomás Ruíz y su staff. Alberto Silva, consecuentemente, se coloca en los cuernos de la luna y al frente del liderazgo municipal.

No así Carvallo, quien ve declinar el sol de Atlacomulco por mas que argumenta ante sus superiores del Edomex, que “quien perdió fue Javier Duarte, al imponer a candidatos perdedores en las tres plazas donde hubo hecatombe: Veracruz, Boca y Córdoba”.

Un día después de la elección el diputado Carvallo declara que no irá a ningún cargo público –como si lo mereciera- no aclarando que habrá de regresar al Congreso del Estado, pero lo que se llevó. “Ahí te va una buena y una mala ¿cuál quieres primero?

El tiempo, sin duda, pondrá las cosas en su lugar. En el siguiente capítulo de la historia habría que revisar las cuentas y los velices a Gabriel Deantes ya que estamos hablando de dinero público... porque el que ya se embolso es privado, así como de los cambios en el gabinete que son como el diluvio que viene.

Tiempo al tiempo.

 
 

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